VICENTE Y LO QUE ES NOTICIA.

Fecha: 29 de junio de 2009 | Archivado en: Redacción de Noche - blog
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La noticia fue y es lo que hizo.

La noticia fue y es lo que hizo.

La jauría informativa en la que vivimos provoca que las noticias positivas no tengan su hueco en los medios. Sólo las desgracias y las demoledoras consecuencias de los datos económicos tienen cabida, mayoritariamente, en periódicos, televisiones, internet y radios.

Sostengo ello, obviedades aparte, porque me apetece una buena dosis de autoafirmación profesional y limpieza mental, algo que la devoradora actualidad me impide llevar a cabo diariamente.

Hace unos días, fallecía Vicente Ferrer, el dios blanco de la India, bueno, de una parte, minúscula del país asiático.

Fue portada en internet durante unas horas, justo hasta que una bomba explotó en el País Vasco para asesinar a un hombre, que me da igual que fuera ertzaintza, policía o farmacéutico, porque cualquier muerte es injusta. Y más en la forma ocasionada. 

Ni que decir tiene que la comparación aquí,  no existe ni se mantiene,  que no es  esa mi intención.

No obstante, lo efímero de la trágica noticia de la marcha de Ferrer, me llevó a la reflexión personal, de lo que mantengo. De las bondades y mezquindades de mi profesión.

Me hizo reflexionar, insisto, sobre lo ruín de la profesión. Pensé sobre, como un tipo, Vicente, que debió ser noticia un día sí y otro también,  no lo fue  más que cuando recibía premios o se publicaba un libro sobre sus obras y milagros. Y ¿por qué hacemos prevalecer lo malo sobre lo bueno? ¿Qué es noticia? ¿Es más importante, por más que lo fuere, un mal dato económico que la acción de los Vicentes Ferrer que hay por el mundo salvando lo insalvable?  ¿Qué clase de gente somos? Todos. Eh¡, periodistas y civiles, que a veces coexisten.

Alguno, muchos, me sacarán teorías aristotélicas y/o metafísicas al respecto. Pero no voy a entrar en ello. Además formo parte, y me gusta, de este juego, de esta profesión, y no soy hipócrita. No lo soy, ni lo seré. Pero de vez en cuando, vale la pena preguntarse sobre cómo llevamos lo nuestro, y sobre cómo deberíamos llevarlo. Por si algún día cambiamos. Algún día. Ningún día.

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