Lluvia de barro

Fecha: 26 de mayo de 2009 | Archivado en: Meteo
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Dicen que nunca llueve a gusto de todos. Y es cierto. Evidentemente este refrán es utilizado hoy en día en diversas situaciones cotidianas, pero también es posible utilizarlo en su forma más pura y original, o sea, en su aplicación meteorológica. Y como muestra un botón: sólo hace falta comparar como sentó la lluvia de este fin de semana a los sufridos conductores, y cómo les ha venido de bien a los dueños de los lavaderos de coches, los cuales han hecho su agosto en pleno mes de mayo gracias a que “llovió barro”

No es algo extraño, ni mucho menos, y de echo tenemos referencias de este tipo de lluvias desde la antigüedad, e incluso en la Biblia, denominándose en muchas ocasiones lluvias de sangre, lo que les da un carácter mucho más místico, religioso y simbólico. En nuestro país, este tipo de lluvias pueden producirse en cualquier época del año y en cualquier lugar, pero son más habituales en primavera y en la fachada mediterránea, incluyendo por supuesto las Baleares.

El fenómeno tiene su explicación meteorológica. La primera condición que tiene que darse es que exista una situación de inestabilidad en la zona del Sáhara, que eleve el aire hacia las capas altas, arrastrando tras de sí grandes cantidades de polvo y arena. En segundo lugar, tiene que haber una situación de componente sur, o sea, una entrada sobre la península de aire procedente del norte de África, que comentábamos en el anterior post, iba a producirse hacia finales de la semana pasada. Ese viento del sur es el que trae consigo en suspensión todo ese polvo recogido del Sáhara. A partir de aquí pueden darse tres situaciones distintas:

Si no se producen lluvias, el polvo queda en suspensión formando lo que se conoce con el nombre de calima, es decir una capa de neblina que genera problemas de visibilidad, y que constituye un fenómeno muy característico de nuestro clima.

En el caso de que se produzcan lluvias pueden suceder dos cosas: si llueve con fuerza, el polvo cae en forma de barro, pero la propia precipitación, con su intensidad, se encarga de limpiar las huellas en coches y terrazas.

En cambio, si sucede como el sábado pasado, es decir, si se producen lluvias muy débiles, es cuando el efecto del barro precipitado es perfectamente visible, como si de salpicaduras de pintura sobre la carrocería se tratase.

Bien es cierto que este tipo de lluvias a poca gente alegra, pero en esta ocasión tenemos que casi dar gracias, ya que la situación de tormentas importantes que comentábamos que podía producirse, se produjo en muchas zonas de España, y es evidente que las consecuencias de daños producidos por granizos y trombas de agua son siempre peores. Y si no, pinchen aquí para comprobarlo….

Si todavía no han limpiado su coche, antes de hacerlo permítanse una frivolidad: Pasen el dedo por la carrocería y toquen el polvo. Aunque no se lo parezca, están tocando con sus dedos la arena del desierto, la arena del mítico desierto del Sáhara…..y es que el que no se consuela es porque no quiere.

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